Galletas

¡Mierda! – Fue lo primero que exclamé cuando se me escurrieron las galletas y en mi mano sólo quedo el envoltorio blanco. Pensé para mis adentros que debía haber un sistema más inteligente para empaquetarlas, en el que no te quedes en la mano con un papel que no puedes volver a meter en su sitio. Por suerte, estaba cansado y no seguí dándole vueltas a lo del envase. Años más tarde, alguien se haría rico con una patente sobre envases de galletas, pero yo jamás lo sabría.

Incliné un poco el envase azul, unos toquecitos y hurgué con el dedo hasta sacar la primera. No era perfecta, esas cosas me molestarían si no tuviera tantísima hambre… ¿Para que coño está el protector de papel blanco, que dormía en un lado de la mesa, si mis galletas van a nacer magulladas? Terrible ironía del destino.

Arrastré la taza de leche, no era mi vaso de batman, creyéndome un camarero del lejano oeste. Miré la galleta, una mirada prolongada, de esas que sólo una galleta bien preparada puede mantener con firmeza. Los dos sabíamos cual iba a ser el final, pero no había prisa. Comprobé que el chocolate no se saliera por ninguna parte del círculo, contento con el resultado, la atrapé por el borde y la sumergí en la leche fría. No había signos de piedad en mi rostro.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

Seis.

Nueve… digo siete.

Apunto de desprenderse la saqué del líquido, no sé si respiraba aún, pero sin compasión me la llevé a la boca, procurando que no cayeran gotas sobre la mesa. Un suave apretón con la lengua hizo que toda la leche y los pedazos que peor suerte habían corrido se mezclaran en mi boca. Abrí la boca y… ñam. Ese mordisco fatal.

Me levanté de la silla, comprobé que no había testigos, me bebí el resto de la leche mientras trataba de deshacerme de los trocitos de galleta que se escondían entre mis dientes con intención de delatarme, metí la taza en el lavavajillas y me fuí a la cama con el resto de las galletas.

La lucha en la cama fue feroz y duró toda la noche, pero esa historia será contada en otra ocasión. Sí, seguía hablando de galletas.

4 thoughts on “Galletas”

  1. Sencillamente maravilloso. Si al final me han dado pena las pobres galletas… y en cierto punto hasta asco. Hay que decir que lo de mojarla (y sigo hablando de la galleta) en la leche me parece un acto suicida; en este caso homicida, Cookie monster. Y encima es premeditado, con nocturnidad y alevosía.

  2. Hay que ser fuerte, no se puede tener piedad con ellas, ¿acaso la tienen ellas cuando se dedican a picarte las miguitas por la cama? No.

    ¡Ánimo con el blog!

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