Aprendiendo cosas de salir a correr

Ha sido un día extraño que ha terminado oficialmente (extraoficialmente aún estoy despierto) con 8Km de carrera con cambios de ritmo.

He recordado una cosa, me voy poniendo en forma, que también se puede aplicar a la vida real: cuando el pulsómetro te diga que estás al límite del anaeróbico, cuando tu campo de visión se haga más pequeño, cuanto más fácil sea parar, cuando el camino se haga cuesta arriba… aprieta los puños, relaja los hombros y supérate a ti mismo.

¡Aquí estoy!

El callejón tendría unos 3,5 metros de ancho y al menos 30 de largo, era complicado de decir, las montañas de desechos, orgánicos de muchos tipos, humano entre otros, se amontonaban contra las paredes haciendo que incluso para una persona tan cuidadosa como ella no le importara perder un poco de precisión analizando el lugar con tal de que no se le revolvieran las tripas.

Miró el reloj. Las 2:30 de la mañana.

– Mierda, nunca pasa nada bueno a partir de las 2:00.

Pero se contentó pensando que los refranes tienen sus contradicciones, como aquel famoso del que va por la calle, se encuentra una cartera y exclama “¡Al que madruga Dios le ayuda!”, a lo que otra persona que pasaba por ahí añade: “Más madrugó el que la perdió”.

Cerró las fosas nasales mentalmente y fue directamente a por el primero de la lista. Se encontraba meando contra una de esas paredes asquerosas, concretamente sobre una bolsa de basura mal cerrada. Parecía que le divertía el sonido.

No se preocupó del ruido, sino que con los pies de frente a su objetivo arqueó todo su cuerpo hacia atrás, por la derecha, y con un golpe seco de su codo en el cuello empezó lo que sería una noche muy especial.

Cinco minutos antes había oído hablar al grupo de amigos:
– “¿Nos vemos en el irlandés de siempre?”
– Claro, ¿por qué?
– Voy a mear, vete pidiéndome una pinta de Murphys.

El meón se dio la vuelta, tambaleándose y por un momento pareció que todo el plan se iba al traste, pero no, se limitó a poner una cara rara que podría entenderse como de sorpresa y cayó al suelo.

Lo recogió y lo cargó hasta un rincón algo más oscuro, y bastante más apestoso, como si fuera su amiga, mientras le registraba la ropa. Encontró su móvil y se deshizo del cuerpo, que al caer no hizo un ruido sordo, pero ella tampoco paró a mirar sobre que habría caído, ese ya no era su problema, tenía entre manos la herramienta perfecta para continuar.

Le costó un par de minutos descubrir el patrón de desbloqueo, sencillo, pero su cabeza cuadriculada había determinado que todos los patrones eran equiprobables, con lo que decidió ir probando según formas geométricas fáciles de recordar y de modificar.

Una vez que tuvo acceso al terminal, respiró profundamente, deseó con todas sus fuerzas que alguno de esos frikis a los que seguía hubiera activado el Google Latitude desde sus móviles y tocó la pantalla para ver hacía cuanto de las últimas actualizaciones.

¡Bingo!, dos de ellos lo habían hecho hacía muy poco tiempo. La localización no tenía por qué ser exacta, pero es más fácil encontrar un sólo irlandés en 200 metros a redonda, que en toda la ciudad.

Tardó tan sólo cinco minutos, se encontraba cerca y pese a no haber entrado nunca, conocía aquel pub de vista. Abrió la puerta, se acerco por detrás al grupo de amigos y a la vez que daba un puñetazo en la barra dijo:

– Que sea la última vez que me dejan fuera de un correo en cadena para salir un fin de semana.

————

Esto es de regalo, he puesto en el blog mi localización (arriba a la derecha, de momento), pero para que no me pase lo mismo, sólo comparto la ciudad en la que estoy, sin más detalle.

Atención: cualquier parecido con la realidad es simplemente eso, parecido. El autor no se hace responsable de que a él se le pueda pasar alguna vez añadir a alguien en un correo en cadena.

Extra lap: Cuando digo el primero de la lista, no se trata de una lista tipo Kill Bill, sino el primero de la lista de los correos, el que lo envió olvidándose de ella.

Un loco de dientes sudorosos

Ayer pasaba por delante de la tele y vi que estaban poniendo El Club de los Poetas Muertos. Una peli con 20 años encima y que recuerdo de manera especial porque, al menos por un tiempo, fue la película favorita de mi hermana.

Me senté a verla un ratillo, la última vez que la había visto habría sido hace diez años o así. La escena que me cuadró tenía lugar en la clase. Por lo visto el profesor había mandado a sus alumnos a escribir algo de poesía. El bueno de Todd Anderson (Ethan Hawke) está nervioso porque no ha podido prepararse nada, parece un tío bastante vergonzoso. El profe le invita a subir a la tarima y a decir lo que se le ocurra sobre la foto de un escritor que hay sobre la pizarra (no sé quien era) y en un alarde de genialidad, el bueno de Todd lo describe como:

Un loco de dientes sudorosos

Sentado en el sillón, dije la frase unos cuantos segundos antes de que viniera a cuento y me sorprendió muchísimo acordarme de esa frase. Pero creo que he encontrado la razón de por qué la recuerdo.

Creo que esa frase y la manera de la que sale de la boca de Todd se corresponde con mi manera de escribir. Me gusta adjetivar. Me gustan los adjetivos que acaparan la atención y dejan al sustantivo en la sombra, quitándole el protagonismo. Me encanta cerrar los ojos y dejar que las manos escriban lo que se me pasa por la cabeza, no importa que no sea bueno, sólo importa que sea muy mío.

Para mi es alucinante.

Estos días he estado reflexionando un poco sobre mi manera de escribir y sobre lo que escribo. Ha sido muy extraño y estoy pensando (pensar significa estar atento a ver si algo me suguiere una idea) en que me apetece escribir alguna historia “larga”. Por larga se entiendo algo como Una histeria muy personal. Quizá sea el momento y quizá sea el lugar. Mira por dónde, a lo mejor ya tengo el título.

Google Latitude en HTC Magic, Ubuntu y Archlinux

Creo que este es uno de los títulos más largos que le he puesto a una entrada, no en vano, nos hemos tirado todo el día jugando con Google Latitude.

Información por encima.

Para quien no sepa de lo que estoy hablando, se trata de un servicio de la omnipresente Google que nos permite saber dónde están nuestros amigos (si ellos quieren). Para mi gusto la privacidad está muy bien implementada, una vez que alguien nos invita a compartir nuestra localización, tenemos tres opciones:

  • Mandarlo a freír espárragos. Pasar del tema, que no te digo dónde estoy, que no me caes bien.
  • Vale, me pillas en un compromiso, te voy a decir en que ciudad me encuentro, pero olvídate de seguirme la pista muy de cerca
  • Quiero que seas capaz de encontrarme, que para eso me caes bien. Útil también por si me pierdo (o saber dónde tienen el móvil que me lo han tangado). Máxima precisión.

Además tenemos la opción de dejar de compartir nuestra localización temporalmente a todo el mundo o establecerla a mano.

Otra cosa muy interesante es que podemos decirle que añada nuestra ciudad y país al estado de Google Talk, con lo que podemos incluso informar a los que se resisten a utilizar Latitude.


Localización en el estado

Un poco más técnicos
El funcionamiento es fácil, se sirve de datos de localización diversos para informar. Desde la posición del GPS que ofrece mi móvil hasta la dirección IP de mi red. En la práctica podemos usar Latitude desde diferentes dispositivos, móviles y ordenadores incluidos, por supuesto.

En mi HTC Magic sólo necesitas ir a la aplicación de Google Maps y decirle que te unes a Latitude, podrás invitar a tus amigos desde la aplicación y la verdad es que me resulta mucho más cómodo y fácil que desde el PC. En la Magic se ejecutará un demonio que se encarga de actualizar tu posición. Yo utilizo triangulación desde las redes inalámbricas y funciona muy bien sin quemar la batería.


Opciones para Latitude en HTC Magic.

Desde un PC es algo menos… interesante, aunque viene bien para saber si llega ya o no ese amigo con el que quedaste en la uni para hacer unas prácticas. Encontraremos problemas tanto en Archlinux como en Ubuntu 9.04. El logo y la marca de Firefox no son software libre, con lo que llaman a la versión 3.5 de Firefox Shiretoko. Eso hace que no podamos instalar Google Gears, extensión que necesitamos para compartir nuestra localización desde el PC. Es muy fácil de arreglar, tecleas about:config en la barra de direcciones y cambiamos el valor de general.useragent.extra.firefox. Dónde ponga Shiretoko, ponemos Firefox y ya podemos instalar Gears y empezar a cotillear desde nuestro pc. Para eso tenemos que añadir latitude a nuestro igoogle, que tendrá que estar en inglés. Un poco engorroso.

Así que lo dicho, si a alguien le apetece curiosear por dónde andan sus amigos y tiene un portátil, un PC, una Magic, un iPhone o un móvil con wifi, es muy posible que pueda ver consumados sus sueños de cotilleo.

Cómo elegir las contraseñas

Siempre he estado muy orgulloso de mis contraseñas. Últimamente (las tres últimas) las he sacado de Futurama, esa gran serie.

Una pista de una que ya no uso:

El precio de una pizza de queso y un refresco grande en Panucci’s Pizza

Es la contraseña que escribe Fry para sacar todo su dinero del banco. 1077

Y mi versión de la contraseña era: diez,s77

Letras, números y una coma. A mi me gusta, aunque es un poco corta.

Si me quieres matar, avisa

Era temprano, aún había luz suficiente para que los testigos se contaran por docenas, así que decidí subirme al coche, no sin cierto temor, pero seguro de que todo terminaría bien.

Poco a poco (muy poco a poco) nos acercábamos al destino y nada hacía presagiar que mi miedo estuviera fundado, así que sin darme cuenta me fui relajando y cuando menos lo esperaba me encontré esos ojos amenazantes que me miraban sin dejar lugar a dudas. Querías matarme.

A los dos segundos nos encontrábamos golpeando otro coche que nada tenía que ver con nuestras peleas. Yo decía que parases con una sonrisa, la sonrisa del que sabe que su futuro no lo decide uno mismo, que está en manos (en este caso manos y pies) de otra persona.

Afortunadamente todo se quedó en una amenaza. La próxima vez, si me quieres matar, por favor, avísame.

Ubuntu Karmic solucionará un gran fallo de usabilidad

Aprovecho que la fiebre me está dando una tregua para compartir una información que acabo de encontrar.

Cada vez que enseño a alguien Ubuntu y veo que le gusta, me da una alegría muy grande, pero también me ayuda a verlo de una manera crítica, son ya unos añitos los que llevo usando este sistema operativo y estoy totalmente adaptado de manera que casi no notos sus deficiencias.

Con Ubuntu Karmic se solucionará un fallo que para mi es grave, no por peligroso, sino porque ocurre nada más empezar a interactuar con tu ordenador. Vamos, te doy un tiempo para que pienses que puede ser.

Se trata de que si no tenemos activada la entrada automática, tenemos que escribir (o hacer clic, depende de nuestro tema de GDM) tanto nuestro nombre de usuario como nuestra contraseña, lo cual no es demasiado esfuerzo, pero muchas veces es innecesario. Además, es posible que te confundas y escribas la contraseña en lugar del nombre de usuario, con lo que si hay alguien cerca la podrá ver (me ha pasado).

Después de unos cuantos lanzamientos con la versión 2.20 de GDM, por fin en Karmic nos pasaremos a la 2.28, con lo que podremos ahorrarnos unos cuantos clic al día.

Es curioso como en algunas cosas se avanza rapidísimo en software libre y en otras muy lentamente, pero al fin y al cabo se avanza.