Convertir vídeo en HTC Magic desde Linux con Arista

Por desgracia nuestro cacharrito favorito no soporta muchos códecs de vídeo… además de que la resolución máxima es 320×480 así que si queremos ver videopodcast, series, el universo mecánico, charlas o lo que sea, tenemos un problema.

Al menos en karmic koala (creo que en jaunty también) hay un conversor de vídeo muy muy intuitivo (odio tener n^n opciones en una GUI, para eso está la línea de comandos) que se llama arista.

Para tenerlo todo perfecto para nuestra magic, he creado un perfil que hay que copiar en /usr/share/arista/presets/ una vez instalado arista.

Aunque vale con editar el magic.xml para echar un ojo, estos son los parámetros:

Vídeo H.264
Audio AAC

25 frames por segundo, en mp4.

Creo que si la calidad o resolución es más baja, la mantiene, pero no estoy seguro. Seguro que se puede mejorar.

Si alguien se anima a hacer un icono svg más mono que mi magic.png (es una foto real y con transparencia) que la pase, que yo no quería liarme mucho.

Descargar el preset.

¡Happy encoding!

Una de zombies

La música es la que sonaba mientras corría y se me ocurría la idea, la letra es un tanto despreciable, pero es lo que hay, a lo mejor describe la sensación de estar agobiado en la calle.

Sábado, 04:47, entre la Calle de las Huertas y la Calle de Jesús, a apenas 100 pasos de la comisaría de policía más cercana.

Realmente no recuerdo que hacía a esa hora de camino a casa, los bares por Huertas cierran a las 3:30, y si venía de más lejos no tenía sentido regresar a casa por la calle Jesús, porque mi casa está antes. En cualquier caso, la sangre y los dientes rotos esparcidos por la acera demuestran que la acción ocurrió allí y no en otro lado.

Por supuesto hacía frío ya, estábamos terminando el mes de Octubre, y en Madrid lo normal es salir con chaqueta. Digo lo normal porque yo no suelo hacerlo. Me gusta el frío y no veo sentido a cargar ropa que te vas a quitar en un local con el riesgo de que te la roben. Supongo que esa chaqueta gorda, el por qué la llevaba es otra incógnita de la noche, me salvo de, al menos, un par de buenos golpes y arañazos.

Estoy acostumbrado a ver a yonkis pinchándose en mi portal al salir a correr, así que cuando alguien me palpó por la espalda fue en eso en lo que pensé, un yonki que no puede dormir, y no andaba yo muy desencaminado, esa tía no podía dormir, ni lo haría en mucho tiempo. En la vida real uno no piensa que se pueda encontrar con un zombie en mitad de la calle, no es culpa mía que me pillara por sorpresa.

Lo primero que hice al notar que me tocaba fue saltar a un lado, eso no hizo que esquivara un puñetazo en la cara, pero quizá hizo que no me lo comiera del todo. Nunca me he peleado con nadie desde que soy adulto, así que me llevó un buen rato reaccionar mientras aquella cosa me golpeaba en el pecho y en la cara. Cuando me di cuenta de lo frías que estaban sus manos al tocarme la cara me dio muy mal rollo, pero seguía siendo una pieza del puzzle que mi subconsciente se negaba a resolver.

Ya un poco más espabilado, me fui moviendo para que no me tocara, me daba asco. Fue entonces cuando la luz de una farola la iluminó. Entonces lo vi claro, esa tía estaba muerta. No había sangre en su rostro ni en su ropa. No al menos sangre roja. En la cara tenía zonas negruzcas y deformes que deduje que sería carne podrida. El pelo era normal y su ropa… no recuerdo como era su ropa.

Me sorprendió cual fue mi manera de actuar una vez que me di cuenta de dónde estaba metido. “Patada en los huevos y salimos corriendo”. Ahora me río, porque aquella cosa en vida fue una mujer, pero fue lo que pensé. Lancé mi 45 y medio contra su entrepierna, confiado en que dejaría atontado a mi oponente y me daría tiempo a llegar corriendo hasta el portal. Pues bien, no pareció inmutarse y no creo que fuera porque le pegara flojo por ser una chica.

Esa primera patada es de las que mejor recuerdo y aún me da repelús sólo pensar en como sonó. No me preguntes por qué pero el sonido que me puede parecer más cercano sería darle una patada a una piñata colgada del techo. Le das fuerte, pero se mueve y no se rompe. Mi pie, golpeó algo blando, hasta que llegó a algo más duro que debió romperse, porque al menos a mi me dolió como si le hubiera pegado una patada a un poste en mitad de la calle.

Cualquiera diría ahora que, incluso con el pie dolorido, hasta yo podría ganarle a zombie corriendo. Quizá. Sólo quizá. Este bicho apestoso no era como los de las pelis en ese sentido. No era lento. Cuando intentaba golpearme en la cara, movía los brazos bastante rápido, aunque luego el golpe no era muy fuerte, me imagino que algunas articulaciones estarían más podridas que otras y que a veces un hombro o un codo no podían resistir la inercia del brazo y simplemente, se doblaban para dónde no debían. Tampoco se desplazaba lentamente, parecía que iba a perder el equilibrio de un momento a otro, pero nunca lo hacía.

Ahora sólo quedaba tirar de los clásicos del buen cine de zombies. Atacar el cerebro. Procuré subir la guardia como si Clint Eastwood hablara conmigo en Million Dollar Baby y cada vez que aquello bajaba los brazos después de fallar un golpe, le daba un puñetazo con todas mis fuerzas en la cara. Era como golpear carne picada, muchísima, de manera que no llegabas nunca a algo duro, se amoldaba. Saltaron dientes, pero esta vez no hubo ningún sonido extraño, imagino que si tenía la boca igual de podrida que la cara, no estarían muy bien fijados.

Después de unos cuantos golpes me di cuenta de que nunca he sabido pegar con los puños. Soy alto y supongo que eso ha hecho que nunca necesitara pegarme para nada, así que me pasó lo que le pasaría a cualquier novato, me despellejé los nudillos. Quién te diga que con la euforia no notas el dolor no sabe de lo que habla, el dolor duele, otra cosa es que sepas que te tienes que joder y te concentres en otra cosa y eso fue lo que hice, decidí pensar y claro, sólo había una solución, golpear la cabeza en lugar de la cara.

¡Ahora sí! Ahora si que había algo detrás del montón de carne picada. ¿Una tabla? ¿Una encimera silestone? No lo sé, pero notaba que mis golpes y mi dolor de nudillos no eran en vano. A partir del tercer o cuarto derechazo el cráneo empezó a crujir, supongo que es imposible partirle el cráneo a puñetazos a alguien, así como es imposible que existan los zombies. No sé, pregúntale a quién hiciera la autopsia a ver si sus huesos se habían deteriorado, yo no entiendo de biología, lo mío son los ceros y los unos.

La cosa no duró mucho más, parece que los golpes fueron efectivos porque al rato cayó al suelo y me pude largar a casa, eso es todo.

Después de mi explicación, me di cuenta de la cara de asombro de los policías que se sentaban al otro lado de la mesa. Sin mediar palabra pusieron la grabación de las cámaras de seguridad de la calle en las que se veía, sin lugar a dudas, como le daba una paliza de muerte a una chica borracha cuyo único delito había sido ir disfrazada el día de Halloween.

¡Feliz Halloween a todos!
Parece que Contando los latidos no será una intro sin histeria 🙂

Corta la vida en pedacitos

Hablaba hace poco con Migue de los cambios que da el cantante de Papa Roach en cada disco… pero no me voy a poner a hablar de este fulano.

La clave en algunos momentos de la vida (si no en todos) es cortarla en pequeños pedazos que puedas abarcar. Nadie ha dicho que por hacer eso los problemas dejen de existir, pero desde luego es la única manera de afrontar problemas grandes con garantías.

Y quien dice cortar en pedacitos la vida, dice un PFC.

Cambios en la manera de comunicarnos

Llevo un tiempo pensado en escribir algo al respecto, pero con esto del twitter, facebook, google reader, identi.ca, etc, parece que escribir en el blog es el último recurso. Pero de eso va el artículo, de como hemos ido cambiando (mejor dicho, como he ido cambiando yo) mi manera de comunicarme.

Todo empieza con el teléfono fijo

Yo era un enano y aquel aparato al que mi hermana parecía enganchada a mi no me atraía para nada. Recuerdo a mis padres diciéndole que tenía que hablar menos por teléfono, pero no creo que a mi me lo dijeran nunca. Cuando era pequeño me daba mal rollo llamar a mis amigos… si lo cogen los padres hay que estar dando explicaciones. ¿Cuándo inventaría algo que se comunicara directamente con una persona y no con una casa?

Y llegó el busca

Nunca tuve uno, pero recuerdo que Killer-Cola los empezó a regalar y a mi se me hacía la boca agua.

El móvil

Una de las cosas buenas de tener un primo teleco es que tuve móvil relativamente pronto. No el primero, pero pronto. La maravilla de los SMS y de dar toques y que en el otro extremo descifraran si eso significaba “conectate”, “ya llego”, “llego tarde”, “he leído tu mensaje” o “me acuerdo de ti”. ¡Qué tiempos! Me gustaba esa comunicación pero los móviles han cambiado… pero eso llegará más tarde.

El IRC

Me encantaba el IRC, con el mIRC, claro. Entrabas en un canal y ahí estaban tus amigos, hablando entre ellos, podías apuntarte a una conversación en curso o abrir un privado. Tenías lo bueno del fijo y lo bueno del móvil.

El MSN Messenger

Yo no fui nunca de ICQ, llegué tarde, pero en cuanto el “MSN” se hizo popular en estas tierras, todo se fue a la mierda. Todo. La gente dejó de usar el IRC y ya no había manera de entrar en una sala y encontrar a tus amigos ahí. Podías hacer un chat en grupo, pero tenías que estar invitando uno a uno y eso era una mierda. Las conversaciones pasaron de ser en grupo a individuales. Para acabarla de joder, llegaron los colorcitos, las frases gilipollezcas en los estados y los virus del MSN.

Jabber/gTalk

Una vez asimilado el fracaso del IRC y resignado a usar el MSN, llegó mi afición por Linux y parece que los frikis de la libertad usaban un protocolo llamado Jabber que permitía algunas cosas interesantes, como estar conectado desde varios sitios a la vez o las salas de chat. Al poco, Google creo gTalk, basado en jabber. Una pequeña maravilla que al estar integrada en el webmail ha hecho que su uso y comodidad se extendieran entre los frikis menos frikis.

Blog, Tuenti, Facebook, Twitter, google reader e identi.ca

Llega la web 2.0 y a mi me entusiasma compartir noticias con los demás. Mientras se desarrolla el dospuntocerismo escribo cosas en mi blog bastante a menudo. El microblogging hace su aparición y uno empieza a escribir chorradas a menudo, con lo que deja de lado los largos artículos. Más adelante, la opción de comentar todo vía Facebook o en el propio google reader hace que las conversaciones respecto a un mismo tema se dispersen, cosa que no me hace demasiada gracia.

Y, por fin Android No tengo un iPhone, no quiero un iPhone.

Tengo un HTC Magic con Android. La manera de comunicarme desde que tengo este bicho ha sufrido un cambio. Estoy 24 horas al día disponible en mi cuenta de gtalk, cualquiera puede hablar conmigo sin gastar un duro. Leo el correo en tiempo real si no estoy en casa. Mi dependencia de la comunicación por teléfono se ha desvanecido.

Google Wave

Si con los servicios 2.0 todo se disgrega, veremos como actúa Wave, yo soy bastante escéptico, supongo que porque no lo he probado, pero si pudiéramos volver a unir los comentarios en un flujo creo que nos encontraríamos con un salto comparable al uso de gTalk en lugar del MSN. ¿Tendremos por fin una “sala” dónde poder encontrar no sólo a nuestros amigos sino las conversaciones?

Contando los latidos

(Espero que esto no se quede suelto y sea la introducción de alguna histeria, más adelante)

Hay una teoría que dice que nacemos con un número máximo de latidos. Si no forzamos el músculo ese que bombea la sangre, nos durará más.

En el documental dónde vi esta teoría, decían que le habían bajado el ritmo cardiaco a unos gusanos y vivían más tiempo. A costa de moverse más lentamente, por ejemplo. Un sonado se había tomado muy en serio esta teoría y hacia deporte muy lentamente, comía muy poco y, en general, no hacía demasiados esfuerzos.

¿Qué sentido tiene andar contando tus latidos?

Después de una revisión le decían al tío que el corazón le duraría mil años, pero que tenía las articulaciones echas un asco y en general con la búsqueda de mantener un ritmo cardiaco muy bajo, había sacrificado otras partes importantes, como la ingesta de alimentos un poco más complicados de procesar (y por tanto de “gasto cardiaco” mayor), el deporte un poco más en serio…

Con todo esto quiero ir a parar a que lo que realmente importa es que disfrutes de tus latidos.

(Actualización, contínúa en Una de Zombies y en Un día en las carreras)

Guardando valores con Gconfd

Esta entrada no es exclusiva de Maemo, ya que podemos programar utilizando Gconf también desde otros entornos, normalmente un GNU/Linux con GNOME.

Aunque en principio la existencia de un registro nos puede recordar al registro de Windows, sobretodo si comparamos sus editores regedit y gconf-editor, hay una diferencia clara entre ambas opciones. El registro de la empresa de Redmond, almacena valores tanto para configuraciones de usuario como para configuraciones de sistema. Por otra parte, el registro de los sistemas con el pingüino, sólo almacena configuraciones pertenecientes a un usuario concreto. La principal ventaja, en caso de que estropees algo jugando con el registro, sólo corre riesgos tu usuario.

La funcionalidad que nos ofrece el uso de un registro es poder acceder de forma centralizada a valores de variables “públicas”. Digo públicas porque quiero recalcar que los datos del registro son accesibles a todas las aplicaciones que esté ejecutando el usuario. Esto nos provee de otra forma más de intercomunicar aplicaciones.

Por poner un ejemplo: tenemos un programa que detecta nuestra posición y queremos que cuando estemos en nuestro lugar de trabajo, utilice el proxy de la empresa. Pues modificamos la clave reglamentaria y listo. Gconf nos proporciona, además, notificaciones, para que si estamos vigilando un valor y una tercera parte hace un cambio podamos reaccionar. En nuestro ejemplo, el navegador sería avisado de que se ha cambiado el valor del proxy y haría las peticiones a través de el.

A la hora de trabajar con el registro es importante recordar algo que al menos a mi se me olvida a veces: los valores por defecto. ¿Qué pasa si la clave no existe? ¿Qué pasa si la clave tiene un valor que no nos interesa?