Mi valoración de la #acampadasol

Mis fotos y vídeos están aquí: https://picasaweb.google.com/arpia49/Acampadasol#

Este va a ser, probablemente, la entrada más complicada de escribir de este blog que se remonta cuatro años ya en el tiempo. Aunque bien pensado también va a ser la entrada más fácil, la más ilusionante, la que leeré dentro de años y me hará llorar por lo que es, fue y quien sabe si será.

Son ya dos semanas las que la #acampadasol se mantiene en el centro de Madrid, quién lo iba a decir. Una vez que se está viviendo parece poca cosa, pero cuántas veces hemos pasado por allí y hemos visto a algún grupo pequeño protestando por quién sabe qué. Sin embargo, ahora toda España nos conoce, muchos imitan el espíritu que no por nacer en Sol nos pertenece y, incluso nos llegan apoyos desde el resto de Europa.

Lo anterior no es adulación innecesaria, es parte de lo que tenemos que asentar en la cabeza para entender esto: en toda Europa, con nuestras asentadas democracias estamos hasta los huevos y ovarios de que nuestra vida no sea nuestra. Cientos de miles de personas lo ratifican en Grecia, y miles por Francia. No es una pataleta de un puñado de ignorantes.

Decimos cosas tan básicas como que no nos representan y no debe costar entender que el sistema electoral debe ser pilar fundamental de la democracia.

Decimos que no hay pan para tanto chorizo y no debe costar entender que con 123 imputados que se presentaban a las elecciones podríamos dedicarnos a la exportación de traidores.

Y no hemos puesto de manifiesto que gracias a wikileaks sabemos que los cabrones que nos gobiernan… ¡ni siquiera son los nuestros! Somos títeres de poderes internacionales y seguimos pensando que vivimos en una democracia.

Cuando gritamos ‘televisión manipulación’ recordamos como se dijo que estábamos entrenados por etarras o que éramos unos borrachos y fumetas. Por favor, si alguien hubiese escuchado las intervenciones que he oído yo o hubiera participado en las complicadas asambleas sabría que eso es mentira. Es imposible decir cosas tan cuerdas con un porro o una cerveza de más. Eso no quita que haya gente drogada o borracha dentro del campamento, somos reflejo de la sociedad y llevan muchos años suministrándonos ignorancia en cómodas dosis individuales.

Ayer domingo se decidía si seguía el campamento o no en la plaza. Si hubieran preguntado mi opinión, sería la de trasladarnos a los barrios, aunque nos faltaba desarrollar la manera de coordinarnos.

Pero llegó la policía.

Y no llegó a Madrid, pero no importó. En la Bastilla gaseando a gente pacífica. En Barcelona apaleando a gente pacífica. ¿Cómo vamos a dejarles solos? ¿Qué pasará con el resto de plazas que quieran seguir si nosotros nos vamos?

Quizá sea egocentrismo, quizá sea solidaridad, pero el resultado es que no nos hemos ido aunque la gente está muy cansada. Es complicado descansar cuando el sistema entero golpea y difama a tus compañeros, cuando eres responsable del movimiento social más importante de la historia reciente de España (ahí englobo a cualquier acampada en cualquier lugar). Cuando tienes que aguantar a estúpidos que a la vuelta de Huertas deciden seguir el botellón en Sol (como han hecho otras veces, pero la gente que meaba en la plaza sin reivindicar nada no molesta).

Pero aquí termina mi ira, considero que hay mucha gente ignorante, que viven en un  mundo que no es real, gente que cuando sea mayor y se pregunte quién es y qué ha hecho por los demás no tendrá más respuesta que la que encuentre en el twitter de otro. Luchamos por su despertar, sin abofetearlos, sólo mostrando lo que creemos correcto, si no despiertan ellos, no serán parte.

Se me ocurren algunos motivos extras para permanecer en las plazas, además de qué nos falta organizar según qué cosas.

Ladran, luego cabalgamos. Creo que estando ahí habrá gente que nos vea como somos, no necesariamente se sentirá partícipe del movimiento, pero podrá entenderlo de primera mano.

Estamos desentrenados. Nos cuesta debatir y ser respetuosos. Tanta tertulia televisiva nos ha dejado muy malos modales. Tanto House nos ha enseñado que tenemos que llevar nuestras opiniones personales hasta el final, a ser posible mandando a cerrar la boca al resto antes de que termine.

Aún no sabemos hasta dónde llegar juntos. Personalmente me veo capaz de diluirme en un movimiento como este. Me da igual si hay mayoría anarquista, comunista o liberal. Todas las propuestas que oigo en las asambleas son mejores que lo que tenemos ahora. No me importa asumirlas aunque no sean mis favoritas.

No hemos cambiado nada. Que nadie me malinterprete, hemos cambiado nosotros, nos hemos llenado de ilusión, hemos aprendido a confiar en los demás (incluso nuestros mayores parece que se enorgullecen de los jóvenes que los medios les dicen que deben temer) y nos han vuelto las ganas de trabajar. Pero los políticos y el sistema siguen igual. No se ha dado ni un pequeño paso para ser más democráticos, no sólo no nos representan sino que no nos entienden.

A pesar de ello, sigo creyendo que es hora de movernos (que no de irnos). No por las mentiras de los medios sobre los comerciantes (que, además de ser mentiras, habría que poner en la balanza junto al paro de este país, a ver que es más importante), no porque estemos mal organizados (que algunas cositas se nos escapan, a veces es complicado seguir las actividades de las asambleas), no porque la plaza esté sucia (¿alguien que se queje de cómo se queda la latina un sábado?) porque limpiemos con material casero, no porque la gente esté cansada de dormir poco y mal, no porque haya gente que cree que lo esotérico, por decirlo de alguna manera, tiene algo que ver con pedir más democracia. No, todo eso se compensa con la labor formidable que se está llevando allí.

Creo que debemos movernos para descentralizar nuestras voces, hacer acampadas/asambleas temporales grandes o pequeñas en los barrios/pueblos para que los que no pueden trasladarse nos vean y oigan. Porque hay muchos organismos oficiales que se merecen nuestros gritos pacíficos. Porque si estamos quietos se les ocurrirá como contrarrestar nuestra voz.

Hemos de seguir sorprendiendo, con ideas pacíficas, con mayor aportación de sectores tradicionalmente marginados por la sociedad. Con la certeza de que si avanzamos en una democracia real, nuestra vida será mejor y que si no lo logramos será cosa de los tristes, de los que siempre lloran sin hacer nada más que llorar, salvo ofrecer soluciones que no impliquen esfuerzo.

Y es que… seré un indignado, pero tras esto, nunca más un infeliz.

PD: Se me quedan miles de cosas por el camino, como analizar el papel de internet en todo esto, pero por amor a mis escasos lectores, les doy un respiro.